Hoy ya es hasta innecesario citar informes científicos sobre el clima. No cabe lugar a la duda de que el cambio climático está ocurriendo. De la misma manera, es posible que el conocido refrán ‘nunca llueve a gusto de todos’ trascienda probablemente hasta lo inimaginable; al menos en genérico teniendo en cuenta a lo que nos enfrentamos por el cambio climático. Aunque bien es cierto que si habitualmente no es adecuado generalizar, menos lo es en materia climatológica. Dicho esto, es el momento de discutir, en su acepción más británica, sobre la sequía (y las sequías). O más bien,sobre la no gestión que hacemos de la escasez.

Es cierto que el año hidrológico ha tenido un carácter muy seco en el conjunto del país, pero con importantes diferencias territoriales (por extraño que parezca en el Júcar y el Segura el volumen de precipitaciones del último año se ha situado un 11 y un 22%por encima del valor normal, respectivamente).

 

 

Mapa del año hidrológico

Porcentaje de precipitación acumulada 2016-2017. Las cantidades acumuladas en el tiempo transcurrido desde el 1 de octubre de 2016 hasta el 30 de septiembre de 2017, son inferiores al valor normal en gran parte de España, pero existen diferencias territoriales. Fuente: Aemet.

 

 Esta sequía meteorológica no debe desviar la atención sobre el verdadero problema al que debe enfrentarse España: la escasez crónica de agua. Es decir, la asunción per se por parte del Estado de que la demanda siga superando la disponibilidad del recurso.

Afrontar la escasez desde la gestión de la demanda es el único modo de romper esa inercia que asume las sequías como una coyuntura excepcional cuando en realidad se trata de la normalidad del clima mediterráneo y, por desgracia,cada vez más frecuente.

La escasez del agua es el auténtico problema

Solo existe una vía para dar solución al que, sin duda, será el problema más importante al que se deba enfrentar el Estado español en los próximos años, no ya por sus obvias repercusiones ambientales, sino por sus consecuencias negativas sobre la economía y la sociedad. A las puertas del último ciclo de planificación que ofrece la Directiva Marco del Agua (DMA) y la revisión de los planes de sequía, estamos tal vez ante la última gran oportunidad de acordar una planificación hidrológica que, de no adaptarse, está abocada al fracaso.