Las proyecciones para los próximos veinte años sitúan a España dentro del grupo de países con un estrés hídrico extremadamente alto. Es inaplazable abrir un debate sincero que limite la respuesta reactiva a las sequías, y trabaje con un enfoque proactivo en donde los planes hidrológicos las asuman como una componente del clima y un factor ordinario, con una gestión que verdaderamente permita prevenir y minimizar sus riesgos.En resumen: que la sequía no nos debe pillar por sorpresa.
Las sequías no pueden pillar a España por sorpresa
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Sólo hay una solución posible para hacer frente a la escasez, aquí y en cualquier otro rincón del planeta, y todas las partes son, somos, conscientes de por dónde pasa esa solución. Ahora sólo hace falta tomar decisiones. Sin duda muy complejas, pero no tanto como las consecuencias de no tomarlas.Hasta la fecha ningún gobierno lo ha hecho.

Identificadas algunas de las cuestiones más urgentes, al menos es necesario que:

 

  • el Estado debe integrar las sequías en la planificación hidrológica como un factor propio del clima (de hecho la precipitación media anual ha estado por debajo de la media el 60% de los últimos 17 años, con 6 años similares al actual e incluso dos años por debajo del presente), asumiendo la necesidad de equilibrar la oferta y la demanda de forma integradacon las funciones del recurso hídrico y desde la perspectiva ambiental
  • Es preciso revisar las concesiones en coherencia con los objetivos medioambientales de la DMA, trabajando con profundidad en la reordenación del sector agrario y la armonización de políticas sectoriales (no todas las medidas deben ser incrementar la oferta ni deben estar relacionadas con el regadío o con el recurso hídrico),
  • Deben adaptarse los mecanismos utilizados para declarar las situaciones de sequía, ya que los actuales no permiten distinguir entre sequía meteorológica y escasez derivada de la gestión. La disponibilidad del recurso no depende exclusivamente de un fenómeno meteorológico, sino también de la toma de decisiones sobre la gestión. Así los indicadores deben basarse en variables como la pluviosidad, la evapotranspiración, la sequía fisiológica de la vegetación… Y no en variables de gestión, como el nivel de los embalses.La mezcla de ambos indicadores imposibilitan diferenciar entre sequía y gestión. Es necesario diagnosticar separadamente ambas situaciones, sequía y escasez, para que la primera sean el pilar para fundamentar las decisiones.