Santuarios amenazados

Con el objetivo de dar visibilidad a los principales problemas que provocan las tres amenazas más preocupantes que sufren los humedales españoles y que más aquejan nuestros tres humedales más simbólicos, a continuación se describe con detalle, para cada uno de los tres humedales, la amenaza más preocupante que pone en riesgo su estado de conservación futuro a corto y medio plazo.

DELTA DEL EBRO Y SU PLATAFORMA CONTINENTAL – REDUCCIÓN DE CAUDALES Y SEDIMENTOS QUE LLEGAN AL MAR

El Ebro forma un extenso delta en su desembocadura que penetra profundamente en el Mediterráneo y da lugar a un complejo de lagunas salobres permanentes, marismas halófitas, charcas saladas, bahías marinas y playas arenosas con dunas. Se trata de un ecosistema dinámico resultado de un conjunto de procesos ambientales conectados a su vez con la plataforma y parte del talud continental, influenciados por el propio río Ebro.

La relación directa entre los aportes de agua dulce y de nutrientes de los ríos y la productividad biológica de los ecosistemas marinos está bien establecida de forma universal. Esto es particularmente importante en mares relativamente pobres, como el Mediterráneo, en el que las corrientes oceánicas son modestas y la productividad biológica está muy supeditada a fenómenos de tipo local que favorezcan la mezcla de aguas (por ejemplo aportes fluviales con diferentes temperaturas y salinidad que producen mezclas verticales y horizontales y aportan nutrientes externos).

Así, los aportes fluviales sedimentarios que transporta el río Ebro hasta el mar manifiestan su presencia no sólo en el espacio deltaico, sino también en todo su área de influencia marina, como es el caso de la extensa plataforma continental adyacente, que se extiende desde el Cap de Salou hasta Castellón y se adentra hasta 70 kilómetros hacia el interior. En el caso del ámbito marino, la zona influenciada por el Delta presenta una de las productividades más altas de todo el mar Mediterráneo gracias a estos aportes fluviales, lo que la convierte en un importante área de desove y reclutamiento para muchas especies marinas, como los pequeños peces pelágicos entre los que se encuentran la anchoa y la sardina. El efecto fertilizador del río sobre la plataforma se debe a dos causas fundamentales: (1) los aportes directos de nutrientes que transporta el agua del río y (2) el afloramiento de aguas marinas más profundas ricas en nutrientes como consecuencia de la circulación estuarial causada por las aportaciones de agua dulce en las aguas costeras (entre otros factores). Ya antiguos estudios realizados en los años 60 en las aguas costeras influenciadas por el Ebro mostraron una fuerte correlación entre las capturas de peces y mariscos de las principales especies comerciales (sardina, langostinos y bivalvos) y las aportaciones de agua dulce del río Ebro. Algo que posteriormente se ha corroborado con algo más de detalle para el caso de la anchoa. Esta especie hace la puesta en primavera-verano en las aguas superficiales del entorno marino del Delta. Es esta época la de más estabilidad, cuando el gradiente de temperatura entre la superficie (cálida) y el fondo (frío) es mayor y los vientos son suaves, dando pié a una estratificación de la columna de agua. Esta estratificación implica un agotamiento de los nutrientes en las capas superficiales o fóticas (aquellas a las que llega la luz) por la falta de mezcla. Así, la única forma de que lleguen nutrientes a la superficie es a través de los aportes del Ebro, gracias a los cuales se produce el fitoplancton, del que se alimenta el zooplancton, principal alimento del boquerón en su fase larvaria. Sin la existencia de las descargas primaverales del Ebro, difícilmente este área podría enriquecerse de nutrientes de otra manera. Por ello, existen evidencias científicas de la relación entre los caudales del Ebro y las capturas de anchoas en el año posterior (cuando las larvas ya se han convertido en peces adultos, objeto de la actividad pesquera). Según los científicos, existen datos que invitan a pensar que los extraordinarios caudales de 2008 y 2009 presumiblemente evitaron el colapso de las poblaciones de anchoa en la zona, mostrando la importancia que tienen las descargas fluviales en el ámbito marino inmediato al delta y toda su cadena trófica. Por lo que la influencia del Ebro no acaba en la línea de costa, como ya apuntó Ramón Margalef en su momento.

Esta influencia de los aportes fluviales no se limita a las poblaciones de anchoas, sino que tienen influencia sobre el resto de productividad biológica y pesquera, constituyendo el soporte de la riqueza pesquera, que a su vez es fuente principal de alimento de diversas especies de aves marinas, como la pardela balear. Las aves marinas utilizan el delta del Ebro y su entorno como área de alimentación debido a la gran abundancia de presas que proporciona, convirtiéndose así en una de las áreas de alimentación más importantes para estas aves en toda la cuenca mediterránea.

La reducción de las descargas del Ebro al mar tiene efecto negativos sobre las poblaciones de peces pelágicos (en la foto anchoas), fuente principal de alimento de diversas especies de aves marinas, como la pardela balear. Foto: J.M. Arcos.

Modelo de adecuación del hábitat para la pardela balear durante el periodo reproductor. Mediterráneo: Promedio de los modelos de mayo-junio de 2000, 2006 y 2007. Azul: menos adecuado, Rojo: óptimo.

 

Los datos:

  • 114 kilos de anchoas son los que genera al año siguiente cada metro cúbico por segundo de media que el Ebro descarga en el mar en época de desove, con una correlación superior al 60%.
  • En el año 2011/2012, con un caudal anual de 4.000hm3, se produjeron 2.500 T de mejillones en el Delta, con una calidad media de 180gr/kilo. Sin embargo, en el ciclo húmedo del 2013/2014, con un caudal que superó los 16.000hm3, se produjeron más de 4.000 T de mejillones, y su calidad subió a 240gr/kilo.
  • 20 es el porcentaje de reducción media del caudal del Ebro que se estima para el periodo 2040-2069 debido al cambio climático, con una reducción de precipitación en la cuenca del 8,6% y un aumento medio de la temperatura de 2,2ºC.
  • 99 es el porcentaje de sedimentos totales que se calcula que retienen todos los embalses de la cuenca del Ebro.
  • 125 es el número de embalses (de más de un hectómetro cúbico) presentes en la cuenca del Ebro, a lo que deben sumarse unos 850 azudes y unas 10.000 balsas. Sumando una capacidad de embalse de 7.700hm3 (cerca del 60% de la aportación natural media).
  • 400.000-2.000.000 T/año de sedimentos se estima que aportaba el río Ebro en desembocadura antes de la construcción de los embalses. Con la construcción de los embalses la tasa se redujo a 40.000-200.000 T/año, y en la actualidad se estima en 1.600 T/año.
  • 1.300.000 T/año es el aporte de sedimentos que algunos científicos estiman necesario para compensar la subsidencia y la subida del nivel del mar.
  • 94% es la cantidad de sedimentos que pierde el delta del Ebro tan sólo a causa de la existencia de los embalses de Mequinenza y Ribarroja.
  • Entre 1969 y 1993 se ha producido una regresión anual de su superficie estimada en 14,5 hectáreas.
  • 1-3 son los milímetros al año de tasa de subsidencia que estiman diversos estudios científicos para el delta del Ebro.
  • 45% de la llanura deltaica se encuentra a una cota por debajo de los 50 centímetros.
  • 110.000m3/año es la pérdida actual de sedimento a lo largo de la costa exterior del Delta del Ebro.

Retroceso del Delta del Ebro 1946-2010. Institut Cartogràfic de Catalunya. Campanya pels Sediments.

Cometiendo los mismos errores: no asegurar unos caudales funcionales en la desembocadura del Ebro sólo reincide en problemas ya detectados con anterioridad en otras partes del mundo. Como gran ejemplo está el caso del Nilo, donde se tiene constancia de que la disminución del caudal del río y la falta de aguas ricas en nutrientes a causa de la construcción de la presa de Aswan afectó la productividad de las aguas marinas. El año posterior a la finalización de la presa alta de Aswan, la productividad de las pesquerías de sardina descendieron un 95%. En concreto la pesca de sardinas disminuyó de 18.000 toneladas en 1962 a 460 y 600 toneladas en 1968 y 1969, respectivamente. La pesca de camarones tuvo también un descenso muy fuerte, de 8.300 toneladas en 1963 a 1.128 toneladas en 1969. No podemos permitirnos cometer los mismos errores.

ALBUFERA DE VALENCIA – CONTAMINACIÓN(DIFUSA Y PUNTUAL) POR EXCESO DE NUTRIENTES

El litoral mediterráneo aparece salpicado de multitud de zonas lacustres que forman lagunas litorales, más o menos salobres, separadas del mar Mediterráneo gracias a la acumulación de arenas que forman cordones dunares. Estos diques naturales evitan en parte, o completamente, la conexión de las aguas de la laguna con las aguas marinas. Históricamente estas zonas se han caracterizado por la alta explotación de los recursos que ofrecen estos ecosistemas y la fuerte presencia de asentamientos urbanos de mayor o menor tamaño. Esta constante presencia humana, y sus industrias y actividades asociadas, han activado progresivos procesos de eutrofización en la práctica la totalidad de estas lagunas lacustres. Estos procesos de eutrofización son especialmente preocupantes en aquellas lagunas costeras cuya vocación natural es la de ser masas de agua oligotróficas que permiten una alta riqueza en fitoplancton, zooplancton y macrófitos, eslabones tróficos fundamentales para asegurar el buen estado de conservación y el correcto funcionamiento de estos ecosistemas, como era el caso de la Albufera.

Aguas transparentes con buena cobertura de macrófitos en la acequia de Silla. Foto: Pablo Vera.

Acequia cargada de nutrientes y rodeada de escombros. Foto: Pablo Vera.

L’Albufera de Valencia forma parte de la llanura de inundación de los ríos Turia y Júcar. A pesar de la histórica presencia humana en su entorno, no es hasta mediados de los años sesenta cuando comienza la intensa alteración del ecosistema, disparándose las entradas de nitratos y fosfatos debido a los vertidos industriales y urbanos que producía el creciente aumento demográfico de los asentamientos del entorno de la laguna y el área metropolitana de Valencia, y a los cambios en las prácticas agrícolas del entorno de la laguna. Hasta los años 60, l’Albufera mostraba aguas transparentes y formaba una laguna tapizada de plantas subacuáticas, con gran diversidad y abundancia de peces autóctonos y aves. Las poblaciones de aves acuáticas que recogían los primeros censos organizados en la laguna de la Albufera, entre 1950 y 1960, arrojan cifras superiores a las mil parejas de pato colorado y focha común, mientras que los fumareles se reproducían con abundancia sobre las praderas de vegetación acuática que tapizaban el lago. Esta situación convertía a l’Albufera, por sus características ambientales, en un ecosistema único en Europa. Sin embargo, la laguna de la Albufera ya ha perdido sus características de partida. En consecuencia, en la actualidad se considera como una masa de agua hipereutrófica, fundamentalmente debido a las altas aportaciones de fósforo y nitrógeno que continúa recibiendo la masa de agua y a pesar de las medidas paliativas ejecutadas. Atendiendo a los indicadores de biomasa de fitoplancton, la masa de agua presenta concentraciones medias de clorofila a altísimas, superiores a 150 µg/l, con picos que pueden alcanzar valores de hasta 250 µg/l. Para alcanzar valores inferiores a 30 µg/l (mínimo aceptable legalmente), y una vez tomadas todas las medidas que se proponen, la reducción de los valores de clorofila a puede llevar, al menos, una década. A pesar de ello, la evolución de la clorofila a no ha mostrado ninguna mejora significativa en los últimos años. En la actualidad, las aportaciones de fósforo y nitrógeno llegan a la masa de agua por prácticamente las mismas vías de entrada de años atrás: escorrentía superficial, retornos de riego, aguas residuales sin tratar, y los efluentes de las depuradoras que, aún presentando reducciones en sus concentraciones de fósforo, han incrementado el volumen total de entrada al lago.

Evolución temporal de la carga de fósforo (en toneladas) que entra a l’Albufera.

Esta situación ha provocado una pérdida de biodiversidad general asociada a una degradación global del ecosistema lagunar. La sobresaturación de las aguas por nutrientes conlleva un crecimiento excesivo de fitoplancton. Situación que desata la desestructuración del funcionamiento del ecosistema, causando una disminución en la transparencia de las aguas, una reducción del oxígeno disuelto y, con ello, la completa desaparición de las poblaciones de macrófitos y la reducción de la vida piscícola y de macroinvertebrados. Si no se reducen y eliminan las cargas de nitratos y fosfatos no existe ninguna posibilidad real de recuperación del estado de conservación del humedal. En la actualidad ya es claramente irreversible la recuperación de la l’Albufera hasta reproducir su estado de hace medio siglo, si bien, si no se toman medidas de choque urgentes, el funcionamiento del ecosistema puede quebrar definitivamente.

Una alta diversidad de macrófitos con buena cobertura superficial son el perfecto indicador de la calidad de la laguna, ya que ofrecen refugio y alimento infinidad de especies, zonas de protección para puestas de peces e invertebrados acuáticos, oxigenan las aguas y retienen los sedimentos. Esta situación representa el hábitat fundamental donde diversas especies de aves acuáticas, especialmente anátidas, encuentran su fuente principal de alimento y refugio, como el pato colorado.

Los datos:

  • 0,6 mg/l es la concentración media anual de fósforo establecida como máxima para los vertidos de las depuradoras. Una concentración que no reduce de forma significativa la concentración media de clorofila a en el lago para asegurar la conservación de los hábitats y especies de interés comunitario.
  • 150 μg/l es la concentración media en los últimos años de clorofila a en el lago (con máximos anuales de concentración media que se sitúan cerca de los 250 μg/l). Mientras los estudios determinan que un buen estado ecológico de la laguna debe situarse por debajo de 20 μg/l.
  • 2.500 toneladas de fósforo han entrada en el lago entre 1980 y 2010 (con una media anual de 84 toneladas, y cifras medias anuales que han llegado a superar las 180 toneladas).
  • 12 es la media de renovaciones anuales de agua del lago de la Albufera entre 1990-2010, frente a las 17 renovaciones anuales media del periodo 1980-1990. Para asegurar una calidad mínima para los hábitats y las especies es necesario alcanzar cómo mínimo 11 renovaciones anuales y una media de 17.
  • 50% de los años entre 1990-2010, las renovaciones de agua del lago no han superado la media anual de 12.
  • 60hm3 de efluentes de las depuradoras entran al año en l’Albufera (se ha multiplicado por 12 en los últimos 20 años).
  • 210 hm3/año es el volumen establecido de entrada de agua a la Albufera, por debajo de los 253 hm3/año recomendables según el estudio para el desarrollo sostenible de l’Albufera de Valencia.
Cometiendo los mismos errores: el enriquecimiento de nutrientes que provoca la entrada artificial y descontrolada de nitratos y fosfatos es una problemática que sufre este tipo de ecosistemas a lo largo del Planeta, y que en diversas lagunas de las costas españolas ha llegado a colapsar estos ecosistemas acuáticos cerrados. Debido a la una excepcional sobrecarga de fósforo producida por vertidos urbanos, industriales y agrícolas, durante la década de los años setenta, en el lago Erie, uno de los Grandes Lagos situado entre Estados Unidos y Canadá, se produjo uno de los episodios de eutrofización más famosos del mundo, con lo que llegó a conocerse como el Mar Muerto de Norteamérica. El episodio no sólo colapsó las poblaciones de fauna y flora acuática, sino que afectó negativamente a servicios que aportaba el ecosistema. Otro caso igualmente dramático ocurrido en España es el del Mar Menor, cuya laguna ha perdido el 85% de la extensión inicial de praderas marinas en menos de dos años, la concentración de nitratos es aproximadamente 50 veces superior a la de hace pocos años, igual que ocurre con los niveles de fósforo, que aumentaron en 8 veces respecto a años recientes. Anualmente, el Mar Menor recibía la entrada de 2.500-3.000 toneladas de nitratos y fosfatos disueltos en las aguas de los vertidos puntuales y difusos agrícola que han provocado la drástica eutrofización de las aguas. La vuelta a su situación de partida llevará años una vez que se eliminen por completo las entradas de nitratos y fosfatos. De lo contrario el deterioro puede convertirse en irreversible y puede conllevar la posibilidad de supervivencia al resto de elementos del ecosistema lagunar. En este sentido el lago de l’Albufera ha sufrido, en los últimos meses, cambios drásticos en sus niveles de agua así como la pérdida de las pequeñas manchas de macrófitos que invitaban a la esperanza. Es necesario tomar medidas urgentes para evitar el colapso de la laguna.

DOÑANA – SOBREEXPLOTACIÓN DEL RECURSO HÍDRICO

Declaradas Patrimonio de la Humanidad, las marismas del Guadalquivir, con cerca de 112.000 hectáreas protegidas, forman el humedal más extenso de España (Doñana suma la superficie conjunta de 70 de los 74 humedales Ramsar de España) y uno de los lugares con mayor diversidad biológica y ornitológica del continente europeo. Un complejo ecosistema formado por el estuario, lagunas, islas, marismas, dunas, arenales y masas forestales. Si bien, hoy en día la superficie del ecosistema natural propiamente acuático sólo cubre 31.000 ha de las 200.000 ha existentes hace 60 año, dejando 170.000 ha transformadas en cultivos, principalmente el arroz. A pesar de esta enorme pérdida de patrimonio natural, Doñana aún alberga 720 vertebrados de los cuales aparecen de forma estable hasta 54 especies de peces, 11 anfibios, 22 reptiles, 224 aves y 37 mamíferos. Asimismo, en el espacio natural se han localizado al menos 1.535 especies de plantas y 1.237 de invertebrados. Respecto a la comunidad de aves acuáticas que alberga, cabe destacar que en el Espacio Natural se reproducen seis especies de aves acuáticas catalogadas en España como “en peligro de extinción” (avetoro común, fumarel común, porrón pardo, malvasía cabeciblanca y focha moruna).

La supervivencia a medio y largo plazo del Parque Nacional de Doñana depende fundamentalmente de las aguas superficiales y subterráneas. Estas últimas son claves, para los hábitats y las especies, en época de estiaje. La red hidrográfica de las marismas de Doñana sufrió transformaciones en el siglo XIX para mejorar las condiciones de navegabilidad del Guadalquivir, si bien se conservó prácticamente intacta hasta la segunda década del siglo XX, momento en que comenzó su transformación. Posteriormente se produjo la extensión del cultivo del arroz y la desecación para evitar inundaciones fluviales y, especialmente, el paludismo. Asimismo, las modificaciones que han sufrido las marismas y su entorno desde los años ochenta está relacionada con la alta concentración de cultivos hortofrutícolas en todo el entorno del espacio natural (principalmente la fresa bajo plástico). Unos cultivos que nacieron de la iniciativa pública a partir de los años setenta y que a lo largo de los años se ha completado con inversiones privadas. El actual sistema agrícola de regadío se ha descontrolado, herencia de la mala planificación incipiente en los años ochenta, y supone unos usos, legales e ilegales, de las aguas superficiales y subterráneas que están colapsando el funcionamiento hídrico de todo el ecosistema acuático del Parque Nacional. La administración reconoce que unas 1.500 ha de cultivos ilegales rodean el Parque Nacional (en España el 60% de los humedales Ramsar ni si quiera llegan a esa superficie). Sin embargo, algunas entidades como WWF estiman la falta de permisos necesario puede afectar a cerca del 50% de las 6.000 ha cultivadas.

A pesar de la preocupación mostrada en los últimos años por multitud de entidades ambientales, científicas y sociales, el modelo de gestión del agua en el entorno de Doñana sigue sobreexplotando de manera intensiva el acuífero del que bebe todo el espacio natural, alcanzando niveles alarmantes que han perturbado el equilibrio del sistema y provocado unos daños sobre los hábitats y las especies que, de continuar, pueden tornarse irreparables. La explotación actual repercute en los niveles freáticos, los drenajes, las surgencias, las láminas de agua superficiales y la redistribución del agua a lo largo del año. La información disponible sobre la evolución de las aguas subterráneas es preocupante. El conjunto de la masa de agua subterránea, divida en el actual plan hidrológico en cinco masas, se encuentra en una situación global calificada de alerta. Las cinco masas de agua que reconoce el plan hidrológico muestran una tendencia descendente, algo especialmente alarmante para tres de las masas que el plan hidrológico ya reconocía en mal estado cuantitativo. De los 16 sectores del acuífero, cuatro se hallan en estado de prealerta, ocho en alerta y otros cuatro en alarma. Asimismo, el 50% de estos 16 sectores del acuífero muestra una situación peor a la que le correspondería según la pluviometría, lo que, unido al hecho de que las zonas más afectadas están asociadas a los cultivos de regadíos, confirma que la situación de alerta del acuífero está provocada por la sobreexplotación del recurso, y es la razón fundamental por la que la duración temporal de las inundaciones de las grandes lagunas se haya reducido de forma preocupante y haya producido una acidificación de las lagunas temporales. Asimismo, diversas lagunas que se secaban de forma muy ocasional, ahora se secan todos los veranos, y otras lagunas consideradas permanentes sufren altos grados de desecación, lo que reduce enormemente la superficie inundada y genera fragmentaciones. Una situación que afecta de forma directa e indirecta a la reproducción y la productividad de la comunidad ornitológica de aves acuáticas, como es el caso de la cerceta pardilla, hoy prácticamente desaparecida dentro del Parque Nacional. De hecho, la propia confederación hidrográfica afirma que, de mantenerse el actual grado y modo de explotación de los recursos subterráneas en una parte significativa de la masa de agua, se compromete el buen estado de la propia masa y de los ecosistemas terrestres asociados e impide que se alcance el buen estado cuantitativo del acuífero. Una situación que empeora año tras año.

Paisaje de la marisma de Doñana desecada en el mes de diciembre. Foto: Carlos Davila

Finalmente, los ríos y arroyos que vierten sus aguas a Doñana de forma más significativa (Guadiamar, arroyo de la Rocina y arroyo del Partido), presentan en la actualidad una alta alteración de su funcionamiento hidrológico, y han pasado de ser ríos con un régimen de entradas permanentes a convertirse en estacionales.

Cómo ya se ha avanzado anteriormente, el estado de conservación de algunas especies de la comunidad ornitológica se ha visto gravemente afectado por la alteración del régimen hídrico del espacio natural. Entre ellas, especies como la ya mencionada cerceta pardilla, altamente dependiente del los humedales someros y estacionales presentes antaño en el verano tardío, el avetoro común, afectado por la modificación del régimen hídrico que, además de reducir niveles y causar drenajes homogeneiza los hábitats necesarios para su reproducción, o la focha moruna y la malvasía cabeciblanca, que sufren los cambios en los ciclos de inundación que eliminan las zonas profundas y las lagunas semi-permanentes adecuadas.

Los datos:

  • 2.300 km2 es la superficie que abarca el acuífero número 27 situado bajo Doñana.
  • 1.500 ha reconocidas de cultivos ilegales asedian Doñana, que según otras fuentes podrían ser 3.000 ha.
  • 1.000 pozos ilegales o 85% de los humedales naturales de Doñana han desaparecido en los últimos 60 años.
  • 170.000 ha de humedales naturales han desaparecido para siempre en Doñana, una superficie cercana a la de la Guipuzcoa
  • 80% es la reducción de aportes fluviales a la marisma respecto a su situación en condiciones naturales, siendo aproxidamente un 70% posterior a 1950.
  • 50% es la reducción de aportes fluviales a la marisma del Arroyo la Rocina en los últimos 40 años.
  • 60% es el descenso de aportes fluviales a la marisma que ha sufrido el Guadiamar.
  • 50% de los sectores de la masa de agua de Doñana se encuentra en una situación que no les corresponde según la pluviometría.
  • 1.688 ha nuevas de superficie de regadío han aparecido en el área afectada por el Plan Especial de la Corona Forestal entre 2004 y 2009 (un 18,5% del total).
  • Más datos.
Cometiendo los mismos errores: las amenazas que cercan el futuro del Parque Nacional de Doñana, reducción de niveles freáticos, desecación, sobreexplotación, reducción del desbordamiento natural por aportes fluviales, salinización…, ya las ha sufrido el otro gran Parque Nacional cuya vocación es la de proteger un ecosistema acuático, la Tablas de Daimiel. Las graves alteraciones del funcionamiento hídrico del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel han modificado para siempre la singularidad del ecosistema que representa. Es necesario hacer cumplir las obligaciones de fijar y hacer respetar las necesidades hídricas del Parque Nacional de Doñana, que se limiten los usos y las actividades que afectan gravemente al estado del acuífero y que cesen de manera urgente todas las extracciones ilegales.